martes, 4 de septiembre de 2018

Poemario: A la sombra de un olivo

A la sombra de un olivo es mi primer poemario y mi tercer (¿o cuarto?) libro de poemas. La diferencia es que este es un libro monotemático, con tintes autobiográficos sobre la vida y memoria de mi abuelo materno. Tal vez no es el de mayor calidad poética o estética, pero sí es sin duda alguna el libro que esconde los textos con más intensidad que jamás he escrito. 

8€ envío incluido (España y Baleares)

Algo a tener en cuenta es que no es un libro de poesía que pueda interpretar libremente el autor, como sí que podría serlo todo lo que he escrito antes. Como decía, este libro guarda un relato definido, con márgenes que dejan poco espacio a la imaginación. He tratado de cuidar tanto la cronología como la temática buscando el recorrido de un relato cambiante, in crescendo hacia una óptica más positiva y humilde. 

He pedido una tirada de 35 ejemplares impresos con papel 100% reciclado. Entre gastos de producción, envíos y materiales he decidido venderlo a 8€ (envío a España y Baleares incluido). Pensé en cobrar 10€ y donar los 2€ restantes de beneficios; para ello contacté con varias ONG's y asociaciones de víctimas de violencia de género (una de ellas trabaja en Málaga con menores víctimas de este horrible fenómeno social), pero no obtuve respuesta de ninguna con las que contacté.

Tal y como hice con obras anteriores autogestionadas, me gusta mostrar la transparencia económica. En el caso de mi libro anterior (Nada que ver y Las últimas palabras) obtuve 19€ de beneficios con la primera tirada, y doné 20€ a la campaña de financiación popular del caso judicial de Juana Rivas. Sé que es una miseria, pero soy estudiante, no trabajo y la venta de los libros me da para muy poquito más que la autogestión (la segunda tirada de hecho la terminé con pérdidas). Os dejo el enlace a la campaña por si queréis participar de forma individual: Campaña para apoyar a Juana Rivas 






Por último, aprovechando que aun me quedan algunos ejemplares de la segunda edición de ese anterior libro que menciono, pongo la opción de comprar ambos libros por 15€: por separado serían 18€ (8€ + 10€).

15€ envío incluido (España y Baleares)

Si te interesa el libro, te dejo a continuación los datos que necesito que me envíes a mi correo:

Mi correo: gvera.contacto@gmail.com

Datos a incluir: 
  • Nombre y primer apellido.
  • Dirección postal (incluyendo código postal).
  • Especifica si lo quieres firmado en la primera página (no suelo firmarlos; vergüenza o humildad, qué sé yo).
  • Si quieres también un ejemplar de "Nada que ver" y "Las últimas palabras" solo tienes que decírmelo, recuerda que son 15€ en total.

Y ya está. Os dejo también el IBAN al que abonar el dinero o la cuenta PayPal*:

IBAN: ES56 2103 3056 8500 3000 6605 (Unicaja)
Correo PayPal: eamveraguillermo@gmail.com

*En el concepto del pago pon tu nombre y apellido para saber quién ha pagado.



Como siempre, gracias infinitas. 
Guillermo Vera

miércoles, 1 de agosto de 2018

;

Es solo un símbolo. Hoy quería escribir sobre ello, estaba totalmente convencido desde anoche mientras daba vueltas en la cama. No me había tomado las pastillas para dormir, hoy quería estar consciente y acordarme de esa intención, pero no puedo. O no quiero, no lo sé. La realidad es que el punto y coma lleva justo un año puesto. Quería hacer balance, pero la ortografía en esta ocasión ha sido mal empleada. La frase siguiente a la anterior es demasiado similar, no aporta apenas nada nuevo al texto, aunque rara vez el texto aporta algo nuevo su propia historia.

Probablemente no me estés entendiendo. No hay problema, de veras. Pero el punto y coma quiere convertirse en punto y final. Aunque el guión y los actores han cambiado drásticamente desde que puse mis cartas sobre la mesa, el papel principal lo sigue interpretando un personaje demasiado estático como para introducir cambios, por menores que sean. No hay un motivo, es cierto, pero sí un cómo, y estoy cansado de apretar los dientes, de esperar, de solo hacer lo que debo, de no tener qué querer.

El conflicto aparece en el momento en que ya no quiero más silencio ni más tristeza, pero todo lo demás me parece ruido insoportable. Insoportable. Huyo entonces, miro el tatuaje con lástima, y pienso: Otra vez será. 



01.08.18

miércoles, 27 de junio de 2018

Barcos, camino, vida y esperanza

De pequeño aprendí que el lenguaje solo es una herramienta, que las cosas que lo transcienden no dependen de las palabras ni de los fonemas siquiera. Recuerdo un viaje en coche ─tendría unos 6 años, tal vez 5─ en el que repetí en mi cabeza muchas veces la palabra barco. No sabía por qué, quizá solo era la curiosidad de un niño intentando desgastar las palabras. Barco, barco, barco, barco, barco... Entonces pensé, "qué rara me resulta la palabra barco ahora".

No sabía en aquel momento si volverían a cobrar sentido esas cinco letras puestas en orden. Puede que hasta sintiera miedo. Ese miedo que se tiene a las cosas que ya no son como antes.

Algo parecido creo que me ocurre, de manera inconsciente, con la palabra esperanza. Estos últimos años han sido esencialmente eso. Sperare en latín, y el sufijo -antia que dota de cualidad a las palabras de acción. Esperanza... Y de tanto y tanto repetirla, creo que, igual que la palabra barco, poco a poco se desgasta, pierde fuerza, muere su sentido más profundo.

Estoy cansado de mis segundas oportunidades. "Tal vez en la universidad..."; "Puede que en Madrid..."; "Quizá volviendo a casa..."; "Igual en Enfermería..." encuentro mi sitio... Y no funciona. Esperaré al "Es posible que cuando trabaje...", "cuando conozca a alguien", "cuando encuentre un sentido"... Todos esos clichés volátiles de esperanza hueca.

Quizá sea mejor ─como tras cada caída─ reconocer la derrota y aprender a sobrevivir una vida que jamás podrá ser vida. Vida... Tantas veces repetida y aun no sé qué sentir cuando es. No me dice nada, solo me invita a salir. La vida que es camino, y mis pies abrazan un horizonte que solo alcanzan a ver el precipicio al que arrojar un cuerpo sin vida. Camino que no quiero caminar, pues solo queda un paso para el final.
Todavía no es el momento.
Y hoy es siempre todavía.

Seré eterno, en caída libre, un completo desconocido entonces.

sábado, 24 de febrero de 2018

El mundo en que vivimos

Casi se quema un bosque entero el pasado verano. Unos niños arrancan de cuajo una pata de un gato y lo dejan en la calle. No hay día en que no salga en la tele una nueva violación o un nuevo asesinato a manos de ellos, y no hay día que no vea el miedo en sus ojos al salir a la calle. Tenemos gobernantes que no nos sirven y que volveremos a votar. Media población dice amar a los animales mientras se los come. Seguimos sin saber nada de los muertos diariamente por las bombas en oriente, pero la ONU dialoga en sillas cómodas. El cielo sigue llenándose de metano y las selvas de cicatrices yermas. Hay un sistema que ha costado millones para transportar petróleo a lo largo de África, pero siguen muriendo de sed la gente a su alrededor. Una vez más, un estudiante ha asesinado a sus compañeros en Estados Unidos. Otro caso de abuso policial ha sido archivado. La tele insiste: los palestinos mueren; los israelíes son asesinados. Los buenos bajan la cabeza mientras los malos ríen ejerciendo esa libertad única. Cuarenta cadáveres han sido hallados flotando en las costas del Mediterráneo. Un padre de familia se suicida tras estar 6 años en el paro. El vídeo de la violación de "la manada" es el más buscado en páginas porno. Los laboratorios Bayer anuncian que no comercializarán sus medicamentos con India porque no hacemos medicamentos para pobres. 150 especies animales y vegetales se extinguen al día por el calentamiento global. Una anciana muere en un incendio en su casa; solo podía alumbrarse con una vela por no poder pagar la luz. Una madre soltera se prostituye para dar de comer a su hija.

martes, 2 de enero de 2018

El límite

Y, si no hay cielo, 
¿qué nos queda por asaltar?

Nos confundimos tanto... Estamos tan equivocados que creemos ciegamente las voces que nos llegan desde cualquier horizonte. Acumular, acumular más y más y cada vez más, hasta el punto de abandonar en un olvido infinito lo que tomaste antes de ayer entre tus manos. Nos han engañado de una manera horrible, nos han deformado, porque nacemos puros, inocentes, buenos... Eso quiero creer, eso siente el niño creador que llevo dentro, al que no le permito que suelte las riendas, al que alejo del camello que carga con los mismos lastres que los demás, y con el que dialogo para hacerle entrar en razón y entender que ya he sido suficiente león, que ya hay muchas ciudades rotas, muchos lugares abandonados por él y una eternidad de hábitos que ahora nunca, nunca más.

Y me pregunta, con la inocencia que tan valioso lo hace, por qué el resto solo quiere consumir, comprar, poseer, gastar, acumular... personas.

Y yo, con la experiencia de haber sufrido aquellos valores, le hablo de cadenas, hambre y grilletes; le hablo de la necesidad de maquillarse para la mirada ajena, le muestro las máscaras que visten, la sonrisa que enseñan y el llanto que guardan; le digo que no es aquella la verdadera libertad, sino aprender a estar solo.

Entonces calla en la profundidad
de los ojos con los que miro.
Y no me entiende.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Entre dioses y reyes

Me imagino en un trono de madera guardado por una fría y enorme sala repleta del silencio que habla por mí. Hace meses ─demasiados ya, hasta para un rey─ sabía de un rumor sólido y creíble: antiguos aliados y hasta entonces desconocidos, se maquillaban como enemigos subidos en armas de pocos pero suficientes centímetros de altura en la noche. Pensé que fue la historia con su habitual costumbre de destronar y exiliar a hombres poderosos. Bastó mirar la bóveda de cristal sobre mi trono para no darle mayor importancia. Ya vendrá la guillotina para besar mi nuca.

Obcecado en mi mandato de ausencias, tuve fe en las murallas de mi reino; nadie más había querido entrar, pues solo yo y mi omisión estábamos tras ellas. Pero ese rumor ávido y certero se acercaba. Solo era un rumor, no existía, solo eran las aspiraciones heladas de un cuchillo a kilómetros de mí. Sin embargo, olvidé que al ver el verbo, éste toma existencia indiscutible. 

Con mi virgen divinidad abandoné el asiento, y tras la ventana cerrada, la batalla más sangrienta e ignorada se cobraba en cada palabra un trocito de vida. Tomó sentido entonces el rumor, y ya no era un canto burlesco dibujar la hoja de la guillotina en un papel de seda. Contemplando la muerte bailando entre dos cuerpos, sonreí. Yo era quien no le seguía el ritmo.

Comprendí que no era un castillo, sino un templo; que no era un rey, sino un Dios que ignora las plegarias de su creación; que no tenía más poder que la soledad, que solo tenía compañía en el infierno donde se mueren por volver. 

domingo, 10 de diciembre de 2017

307

|||||||||y seguimos dibujando rayas||||||||||||||||||||||||||||
|||||||||al cerrar los ojos||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|||||||||||||||||||||||en el continuo muro|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||de la memoria|||||||||||||||||||||||||||
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||

               

sábado, 7 de octubre de 2017

Éter

Es una sensación extraña esa que recorre las vísceras cuando miro paralizado este abismo tan hondo que hay dentro de mí. Paralizado...

Años, lleva años dentro y sé que nunca va a irse. Soy una suerte de vacío constante, un Dios mediante sin fieles, y por ende, sin poder alguno que pueda ejercer. No va a irse nunca.

Éter... Todo aquello que es nada. La palabra que siempre fue utilizada para nombrar lo que no tiene nombre, pues al nombrar las cosas, le regalamos su existencia.

No es necesario nombrarme, no requiere mucho esfuerzo percatarse de que no existo, no soy; habito e inundo inerte toda la nada, todas las cosas.

Respiro un aire del que dudo. Evito conversaciones que sé ficticias. Visto una piel imperturbable, emito una voz reflejo de la aspiración inalcanzable del deseo de vivir.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Nada que ver | Las últimas palabras: Poesía reunida (2016-2017)


Esta antología recoge los poemas de mis dos últimos libros: "Nada que ver" y "Las últimas palabras".

El precio es de 10€ envío incluido a península y Baleares. El pago puede hacerse por transferencia bancaria, PayPal o (si es físicamente posible), en mano. Si es por una de las dos primeras vías, escribe un concepto para que sepa de quién es el pago (por ejemplo: nombre, correo electrónico, dirección...). El IBAN o la cuenta de PayPal te la paso por correo.

Si te interesa, escríbeme a gvera.contacto@gmail.com 



sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Ser como ellos?

A lo largo de mi vida he tenido la suerte de ir desarrollando desde bien temprano un alma estoica y apartarme de las corrientes mayoritarias a la que empuja sin escrúpulos una estructura social con intenciones muy bien definidas y limitadas. No tomar parte de los placeres artificiales que se nos ofrecen desde el momento en que empezamos a consumir, me trasladó a otro lugar desde donde hacer mío aquel prisma de crítica y distancia con lo que allí abajo, tristemente acontecía. No fueron pocas las violentas aproximaciones obligadas ─guardando siempre la digna distancia─ a ese páramo de inconscientes sin razón que solo fluyen, así que pude observar de cerca sus movimientos, sus ojos inertes, los cuerpos cansados y en un volátil movimiento prediseñado.

Todo aquello que hacían los otros les servía para llenar los vacíos internos que tiene el ser humano desde su aparición en vida. Hay quien se atreve a llamarlo "motivaciones", como si realmente hubiese una explicación lógica al ciego devenir de la mayoría. La cuestión es que la consigna dominante lleva muchos años siendo "debes ser feliz, ese es el fin de tu existencia". Pero no se quedaba ahí; aquella voz demiúrgica sentaba además las bases del camino para esa meta. No era una sola senda, el plan estaba bien fabricado. La estructura está preparada para distintos tipos de individuos. Desde el estoico que busca formar una familia, comprar una vivienda y morir poco después de pagar la hipoteca y los estudios de sus hijos, hasta el crápula cuya única meta es tener varios coches, muchas mujeres y no pensar en lo que sucederá dentro de tres días.

Hay, pues, mentiras para todos los gustos de la mano de la sólida y translúcida ─transparente para la mayoría─ estructura que nos pretende doblegar. Sin embargo, como decía, pude apartarme de ello. Era hora de romper con todo; cualquier momento es bueno para ello. Pero romper con la estructura consiste en salirse de ella. Es imposible acabar con algo tan inmenso formando constantemente parte de ello; desde la individualidad de nuestras acciones es el único lugar donde podemos dibujar un nuevo relato. Desde luego no será un relato para exhibir, no será algo que compartan otras personas, porque es, precisamente, individual; esquiva la trampa del sujeto social, rechaza las cadenas del grupo, la asfixia de la masa que engendra cientos y cientos de personas en soledad que creen estar acompañadas por notar un breve halo sobre su hombro, sin percatarse de que no es más que la pronta asfixia o continua agonía de alguien que probablemente quiera aprovecharse de su espalda.

Por ello no es de extrañar que, llegados a este punto de creación de valores, este precioso lugar en el que me visto sin los grilletes de ideas lanzadas y hundidas en lo más profundo de un ser humano, me plantee mirar, no ya hacia arriba ─la cumbre en este aspecto está alcanzada─, sino hacia un horizonte vacío. ¿Habrá algo más ahí? Algo que ya estuviera antes de yo llegar, algo real más allá de las manos ingenieras con las que construyo. Observo también bajo mis pies: ¿pude yo, en algún decadente momento, ser como ellos?